jueves, 24 de noviembre de 2011

Yo, la peor de todas

(escrito ayer a las 5.30am)

La frase “tu mismo eres tu más fuerte enemigo” está escrito en mi frente. Si bien esto le pasa a todos, el único ejemplo que tengo soy yo misma; no es por que mis problemas san más importantes o yo misma lo sea, sino por el simple hecho de que prefiero hablar de mi propio testimonio. Vivo más conmigo que con los demás. Creo que al ser una persona llena de defectos que mejor ejemplo para los demás que quieran leerme. Sé que en mí existen cosas buenas pero yo sólo noto las cosas malas y hace mucho que conciente lucho constantemente por cambiarlas. Lo que más me duele es el hecho de que lastimo a las personas que amo. En ese momento una no lo nota pero sólo segundos más tarde siente el peso de la culpa. En este sentido mi madre es una asesina, ella dice “de nada me sirven las disculpas. ¡Tendrían que haberlo pensado antes de actuar! ¿Para qué tienen cerebro?” ¡Se sirve una 9mm para mí!
Cosos como ser muy histérica i sólo mostrar una parte de mí a las personas me molesta. El actuar rápidamente antes de pensarlo, sólo en algunas situaciones sirve. En general hablo de manera muy descuidada y casi  despreciativa, aunque en realidad reimporte la persona con la que esté hablando o de la que esté hablando. Esto último creo que es más psicológico, pero lo hago.
Las peleas más grandes de la vida de una persona sucede dentro de uno mismo. A todos nos pasa, que no te de vergüenza aceptar ayuda o ser ese apoyo de la otra persona. Recuerden que si uno no puede ayudar a alguien en primera instancia es por que el otro no quiere ser ayudado y en segunda es que tal vez en ese preciso momento no eres lo que necesita esa persona. Son cosas del universo, yo lo entendí simplemente un día en clase de kung fu, en ese tiempo me agobiaba un tema y si sifu me preguntó normalmente “¿Cómo estas?” y yo dentro de mi me sentí molesta y él sólo quería ayudarme. A la larga realmente comprendí lo que pasó, él no podía ayudarme a pesar de su buena predisposición, dentro de mi lo sabía.
Hoy sentada en el comedor trasero a las 6 de la mañana  veo el amanecer por la ventana. Escucho el tik tak del reloj a mi izquierda, el rebote el cruce de una moto n la calle de en frente y el cantar de los pájaros en los árboles de mi alrededor. Siempre deseo una cosa: felicidad, pero hoy me gustaría ser capaz de cambiar todos mis defectos, ser una mejor persona, hacer un mejor uso de mi tiempo, alguien de la que estar orgulloso y sentirme más útil. Este es mi deseo más egoísta, pero no deja de ser válido.
Espero todos puedan ganar sus pequeñas grandes batallas, tengan el nombre que tengan, yo de todo corazón puedo decir que les estoy haciendo porras y que siempre espero el mayor resultado. Sean felices, disfruten y luchen.

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