miércoles, 9 de noviembre de 2011

Mi gran presente

(Escrito el 29/9/09 a las 10.54. Esto es mi primer ensayo que me lo pidieron en una materia... no lo quise cambiar así que lo dejo así, espero les guste. Algún dia seguramente lo haré digievolucionar pero por el momento queda así)

Y todo comienza así: Una consigna “regalo”
Un regalo… y lo 1º que pasa por mi cabeza es la típica cajita de papel brilloso rodeado con un listón rojo y un gran moño arriba.
¿Qué ay dentro? Mentalmente comienzo a pasar lista de la cantidad de regalos que he recibido a lo largo del tiempo que llevo con vida. Puedo decir que gozo de buena memoria… recuerdo la mayoría de ellos y hasta de las personas que me los dieron: la Barbie veterinaria a mis 3 años que me regalo mi tío, el peluche de droopy que me dio María Elena, la madrina de mi hermana a los 5, la pulsera plateada de mi padrino y sigue la lista. Entonces recorro imaginariamente un largo camino de papeles de colores metalizados u opacos con dibujos y moños de colores, hasta que llego a ella, mi gran presente. Pero… ¿y si ahí dentro de mi gran caja no ay algo material? que no es solo una gran caja de cartón envuelto en papel de regalo… Estoy dejando de lado una gran cantidad de posibilidades. Un regalo no es sólo algo material sino más bien es algo que uno recibe, algo que a uno se le entrega. Comienzan a desdibujarse todos aquellos papeles de regalo y listones buscando otras cosas. Entonces me doy cuenta que mi gran y memorable regalo no es una cosa, sino personas, situaciones, realidades; todas juntas en la misma cajita decorada con un gran listón de adorno, como esos que hace mi mamá, lleno de rulos.
Cuando pienso en este “algo” tan importante, aquello que nunca olvidaré, mi presente viaja 3 años atrás donde en el prólogo de mi cumpleaños un tremendo caos de desgracias y eventos afortunados se vieron mezclados dejándome totalmente desecha e incompleta. Haciendo que a mi ya oculto y pequeño corazón le pusiera otra puerta con 2 cerraduras más. Sintiéndome cada vez mas desolada por el simple conocimiento que en el único que podía confiar no sólo estaba sufriendo más que yo sino que tampoco nos podíamos acompañar el uno al otro por los kilómetros de distancia.
Entonces sin pensar, como todo sucede, sentí una calida mano en mi hombro.
Seigaku es el nombre de mi célebre regalo. No es menos que el pequeño mundo irradiador de diversión y fantasía que necesitaba, un montón de personitas locas y alegres que con tanto anhelo había deseado, que lograron hacer sentir a este corazón frío y desecho en algo completo y contenido. Calido, feliz. Fue el obsequio que me dio la vida en el momento preciso, como lo es siempre.
Sólo fueron necesarios unos cuantos días para notar cómo, en el horizonte de mi futuro, se abría una gran puerta de diferentes y vivos colores; la entrada a un lugar habitado por extraños e interesantes personajes.
Entonces, ¿me equivoco al decir que un regalo no necesariamente debe ser material? ¿Qué es solamente algo que a uno se lo entrega? Desde mi parchado corazón con dibujitos en crayón doy fe de que es así, que sea cómo sea que uno lo haya recibido, el simple hecho de tenerlo gracias a alguien o algo ajeno es suficiente para considerarlo uno. No hay regalo más memorable que haber encontrado ese mundo especial, esos otros diferentes y a la vez tan parecidos, esos momentos incomparables y este ahora casi utópico que disfruto. Dentro de esta enorme caja también coloco a un fiel amigo que desde que tengo memoria me acompaña, quien con una sonrisa hoy me demuestra tranquilidad.
Este es mi regalo, es simple, no es mucho, pero es mío. Un gran camino de colores. Que siempre tendré, que siempre recordare, con los siempre de alguna manera sin importar que me sacaran una sonrisa, sin pensar, como lo es siempre.

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